La chica del dragón

Santi Balmes, el poeta caníbal

¡Gran entrevista!

Crisis, lenguaje y realidad.

Estamos en crisis, es una realidad. Utilizamos el lenguaje para comunicarnos y describir la realidad que nos rodea.

En el enlace que os adjunto, se resumen algunas de las principales intervenciones e ideas extraídas del VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo: “El lenguaje de la crisis”, organizado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) y la Fundación San Millán de la Cogolla. Ideas y conclusiones relacionadas con el periodismo, el lenguaje, la pragmática y las implicaturas que entrañan las metáforas cada vez más utilizadas por los periodistas.

Me pareció interesante compartirlo con todos vosotros en este final de nuestro segundo curso. ¡A por el tercero!

Aurora                         (Pincha aquí) Crisis, lenguaje y realidad

 

Más complicado de lo que parece

Crear una buena argumentación es algo más complicado de lo que parece. Una de las cosas más complejas puede parecer que te toque un tema que desconoces. Sin embargo, si el tema elegido es uno que te es cercano, puede ser que de tanta información no sepamos como ordenarla en nuestra cabeza y en el papel. 

Otro de los problemas que hemos podido observar en las prácticas es el de los argumentos elegidos. En alguna ocasión te das cuenta de que los argumentos que van en contra de tu conclusión final terminan siendo más fuertes que los de a favor. 

Luego, uno de los puntos más difíciles es ordenar esos argumentos. Darle una cohesión y una estructura fuerte al texto también es algo muy importante. No tiene que convencernos a nosotros, sino también al resto de las personas que lo leerán. 

Todo esto hace ver que el argumentar es algo que requiere mucha práctica y pericia. Hay que conocer muy bien a quien nos vamos a dirigir, para saber aun mejor por donde tenemos que “atacar”.

Alejandro Aisa

Falacia Ad Hominem

Entrados en el tema de la argumentación, el pasado viernes comenzamos a descubrir las falacias. Esos argumentos cuyas premisas no garantizan la veracidad de su conclusión pero que se utilizan con mucha frecuencia en los razonamientos. 

Yo me he querido centrar en la falacia Ad Hominem. Este tipo de argumentación se basa en la credibilidad del emisor. Intenta contrarrestar conclusiones del emisor atacando a su persona. Es decir, quiere atacar a la persona que lo emite para que el receptor no confíe en él y, por tanto, tampoco lo haga en su argumento.

He querido destacar este tipo de falacias porque pienso que son las que más utilizan los políticos. Sus debates y argumentaciones se basan, muchas veces, en recriminarse y menoscabar su personalidad.

Pienso que los políticos deberían cambiar de estrategia. Creo que los ciudadanos saben perfectamente que ese tipo de argumentación no lleva a ningún acuerdo, aunque no sepan que se denomina falacia Ad Hominem. Es hora de que cambien este aspecto de razonamiento y que utilicen argumentos que sean veraces o, que por lo menos, cambien de estrategia porque todos sabemos que esta no funciona.

Lorena Hernández

Con diálogo se arregla todo

Hoy hemos comenzado en clase la parte de la asignatura que nos va a ocupar hasta final de curso: la argumentación. 

La argumentación es muy importante para nosotros, futuros periodistas, pero en realidad es muy importante para todo el mundo. El saber razonar y defender una posición u opinión es imprescindible. 

 No hay que confundir los términos convencer e imponer. En muchas ocasiones usamos la argumentación para convencer al otro, para hacerle ver que nuestra posición es la correcta o que por lo menos es también posible. Sin embargo, hay quien intenta imponer sus ideas. Nos da mil y una razones para que cambiemos nuestra mentalidad. Tozudo como una mula, él intentará desmontar lo nuestro, solo lo suyo será lo bueno.

De lo que no se da cuenta esta persona es que nosotros también somos tozudos como una mula y que difícilmente cederemos para ponernos de acuerdo. ¿Por qué? Porque nosotros funcionamos con topoi (ideales reconocidos por una misma comunidad). Nosotros tenemos unos topoi y él otros. No hay dos personas que los mismos todoi. Entonces si el realmente quiere convencernos de algo, analizará nuestros topoi y “atacará” por ahí. En cambio, si intenta convencernos con aquello en lo que no creemos desde un principio…difícilmente conseguirá algo. 

 

Alejandro Aisa 

ENTRE COL Y COL, LECHUGA… miedo a los verdugos.

Me encuentro en el Huffington Post un artículo que bajo el título “Nombres y apellidos desafortunados: Del chipriota Panicos al cocinero Lechuga”  nos muestra la ironía que algunos apellidos llevan implícita en función de la persona que los lleve. Me pareció gracioso -al principio- y creí oportuno escribir una entrada en el blog, cuando estamos ya casi en el ecuador de la asignatura. La intención no era otra que esbozar una sonrisa entre las implicaturas, las presuposiciones y el discurso referido, y creo que no había tampoco otra intención más allá en el autor del artículo objeto de este comentario. ¿O sí?  Este es el enlace para que lo leáis antes de seguir con esta entrada.

http://www.huffingtonpost.es/2013/03/19/nombres-apellidos-desafortunados_n_2909644.html?icid=hp_home_top_art#slide=2238720

Gracioso, ¿verdad? No obstante, a pesar de la apariencia desenfadada, el artículo incluye dos apellidos que implican (y así lo revela también el texto explicativo que los acompañan) mucho más allá de una ironía simple y sin intención. El hecho de que sea nada más y nada menos el Presidente del Banco Central de Chipre quien se apellide Panicos, y que precisamente en este momento se publique el artículo, puede llevar implícita también una intención de advertencia, de: ¡cuidado señores, el dirigente del Banco Central, en estos momentos de peligro para los ahorros de los chipriotas, se llama nada más y nada menos que Panicos! ¡Cuidado señores chipriotas, tengan un poco de miedo y protéjanse porque puede cundir el pánico!

O en el caso de Ana Mato, Ministra de Sanidad, cuando el comentario que acompaña la foto, se refiere a los recortes en su ministerio. Nos está diciendo: ¡Españoles, que nos están matando poco a poco, que nos están quitando los servicios públicos de salud y eso nos lleva a la muerte! Casi podría decirse que se está atribuyendo a la Ministra de lo que implica o entraña el significado de su apellido. ¡Qué fuerte!, como dicen ahora muchos jóvenes y no tan jóvenes.

Luego hay otros menos graves, más graciosos, como el señor que se apellida Lechuga y es un cocinero de gran prestigio, o Hermán Gomina dueño de una peluquería en Buenos Aires, o el dentista de apellido Muelas. E incluso un tal Berdugo, con B, que le distinguiría bien de verdugo, con v, por su escritura y que es además catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Salamanca. Está puesto en el artículo con disimulo, pero nuestra asociación de ideas es muy traidora: Pánicos, Mato, Berdugo… “mal rollo”, siguiendo el mismo lenguaje de los jóvenes y no tan jóvenes.

El orden enunciativo es importante también (y las fotografías que acompañan) en este artículo. Después de Pánicos y Mato, Escayolas y Moratones. Fácil que nuestra mente haga una asociación de ideas rápida, inconsciente y lineal y que nos presente una imagen global de daños. Luego Lechugas, para refrescar el artículo. Ruedas para volver a centrar el asunto. Berdugo casi como una amenaza, y Borregos para advertirnos de que hemos de reaccionar de alguna manera. Donaire a continuación, como un posible escape antes de Rejas. Gomina (corte de pelo) antes de Garrote (y ambos después de Rejas). Brain (cerebro) después de Garrote y antes de Paredes (muro). Volvemos a estar encerrados si aún no hemos muerto.  Luego viene Trigo, para despistar un poco, hemos de comer. Y dos Mata, uno detrás de otro y antes de Agredes. A continuación Muelas (me quedo sin ellas después de la agresión). Hoyos (agujero donde nos meten después de muertos) antes de Risas… por fin un poco de distensión… aunque ya no me quedan ganas de reír. Me parece demasiado macabro.

La conclusión de todo ello es que nuestra mente asocia o destaca el significado de una palabra (o apellido) según el contexto, y diversifica la intención en función de una serie de “memoria histórica” y estereotipos creados. En nuestra lógica difusa, entre la verdad y la mentira hay un cruce. Hay un entrañamiento en todo lo que se dice y no se desmiente siempre que exista ambigüedad. En este caso, el señor Panicos, se llama así desde que nació y lleva ya un tiempo al cargo del Banco Central de Chipre… y no es hasta este momento cuando su apellido cobra esa otra dimensión irónica (casi satírica diría yo) por los acontecimientos que acompañan en que los ahorros de los chipriotas peligran: ¡cunde el pánico!

Lo mismo de nuestra ministra de Sanidad, Ana Mato, que lleva ya un tiempo en el ministerio. Utilizar su apellido en un artículo, en principio gracioso, para resaltar los recortes en los servicios de salud pública, me parece un ejercicio ingenioso y una crítica subliminal muy oportuna. Lechugas, gominas, muelas, escayolas, ruedas… todos los demás apellidos aderezan un artículo gracioso, en apariencia sin otra intención, que encierra una crítica disimulada… como el refranero español diría en su sabiduría popular: “entre col y col, lechuga”.

 Aurora.

Presuposiciones en EL PAÍS

Mientras leía El País de hoy, he encontrado unos titulares que me han parecido interesantes para comentar. El titular de la primera noticia es el siguiente: Los precios vuelven a subir en febrero tras tres meses de moderación.

Para empezar, los precios no suben o bajan por sí mismos. Son una serie de factores que afectan a su subida o bajada. Por lo tanto, creo que estamos ante una presuposición. El accionador es una “descripción definida” en la palabra precios.

Siguiendo en el mismo titular, aparece la presuposición vuelven a subir. Ésta tiene un verbo de cambio de estado como accionador. Lo que se presupone aquí es que antes los precios estaban altos, que bajaron y que ahora han vuelto a subir.

Respecto a la segunda noticia, es sobre la demanda que tiene que volver a realizar el Partido Popular contra el periódico El País por un error burocrático. El titular es el siguiente: El juez exige al PP arreglar un error en la demanda contra EL PAÍS.

En el exige de este titular aparece una presuposición cuyo accionador es un verbo implicativo. Este tipo de verbos son aquellos que implican algo.  “Exigir” implica que el juez lo ha ordenado, pero de malas formas, imperiosamente. Es interesante este titular porque es el propio periódico el demandado.

Eva Bielsa

¿Por qué ser periodista?

El otro día el profesor Gabelas nos planteó esta pregunta en clase. ¿Por qué elegimos estudiar periodismo? Fue una cuestión difícil que tuvimos que resolver en tan sólo un minuto. Me llamó la atención que respecto a una misma pregunta, nadie respondimos lo mismo, e incluso algunos lo plantearon de maneras muy diferentes. Unos se decantaron por la argumentación, dieron una serie de razones por las cuales habían escogido esa carrera y justificaban los porqués. Otros sin embargo, escribieron una especie de historia biográfica, en la que contaban detalles desde su más tierna infancia, pasando por el momento exacto en el que decidieron estudiar periodismo, hasta el actual curso en el que estamos. Es increíble como una misma pregunta puede suscitar tal diversidad de argumentos y de opiniones, y todo se debe a la forma en la que cada persona decodifica un mensaje.

Otro elemento clave de este ejercicio fue la puesta en escena. Teníamos que contestar a la pregunta desde la mesa del profesor, frente a la cámara y delante de todos nuestros compañeros de clase. Para muchos de nosotros, esta fue una ardua tarea, ya que era la primera vez que hablábamos a cámara y además con el inconveniente de tener al resto de la clase mirando, examinando cada gesto que hacíamos y analizando cada palabra. Con todos estos obstáculos a más de uno le traicionaron los nervios. En ocasiones la memoria falla, la vergüenza nos abruma y perdemos el hilo de lo que queríamos contar. Muchas veces, si no llevamos interiorizado el mensaje que queremos decir –aunque lo hayamos escrito nosotros mismos- es difícil convencer al resto de nuestro discurso. Aunque esta tarea me resultó difícil, la considero importante porque sirvió para tomar ese primer contacto frente a la cámara y para comenzar a desinhibirnos como periodistas. Estoy segura de que las próximas veces todos iremos progresando y lo haremos cada vez mejor.

 

Sara Giner Galve

Las palabras tabú del mundo de la telefonía

El primer día de clase conocimos la hipótesis del conocimiento compartido. Esta hipótesis  explica que cuando se establece una comunicación se presupone que el receptor conoce algo de información de la que se habla. Si no se conoce nada el receptor no te entiende. Por este motivo es tan importante conocer al receptor al que se dirige cada mensaje, porque cada persona que recibe un mensaje lo interpreta de un cierto modo.

Uno de los principios de venta de las compañías es conocer al consumidor. Las empresas se esfuerzan por saber cómo son sus clientes para poder obtener un mayor número de ventas. El pasado domingo, Salvados, el programa de la Sexta presentado por Jordi Évole, dedicó su programa a los clientes españoles. Según el equipo del programa los españoles reclamamos poco cuando una empresa abusa de nosotros.

En el programa se explicaba que las compañías telefónicas son las que más fraudes cometen. Con esta información Jordi Évole fue a entrevistar a tres teleoperadores de este tipo de compañías. Una de estas trabajadoras le explicó  que su empresa le marca una serie de pautas en el lenguaje para vender. Por ejemplo, la tele operadora decía que no puede decir “le va a salir más caro”, “gratis” o “tiene una deuda” y que tiene que sustituirlo por: “tiene un importe más elevado”, “no tiene coste” y “tiene un importe pendiente”. Además, asumía que ella no proporciona toda la información que sabe cuando vende un producto, a no ser que el cliente le pregunte explícitamente. Todas estas técnicas se utilizan para vender más a costa del desconocimiento de los clientes. Es decir, el vendedor y el comprador no tienen el mismo conocimiento y el vendedor no proporciona la información que le falta al cliente (en economía a esto se le conoce como información asimétrica).

Una de las enseñanzas que se puede extraer del programa es que no hay que dejarnos llevar por el lenguaje y que si no se entiende algo hay que preguntar. Porque puede ser que lo que sepamos no sea suficiente, que si no compartamos la misma información que el emisor nos terminen engañando. No hay que dejarse confundir por las palabras.

Si quieres, puedes ver el programa completo de Salvados  en: http://www.lasexta.com/videos/salvados/2013-febrero-15-2013021500044.html

Lorena Hernández